miércoles, 11 de febrero de 2026

SAN CARLOS DEL VALLE EN EL LIBRO: "TRAS LOS PASOS DE MADOZ" DE BERNABÉ CARRASCO TORRES.

 






"Aguas arriba, a la izquierda y a cierta distancia del Azuer, está San Carlos del Valle, perteneciente al Campo de Montiel y en épocas más lejanas a la Orden de Santiago, situado en un valle entre dos montañas que forman cordillera con la Sierra de Alhambra, denominadas del Cristo, al este, y de los Bailones, al oeste.

Es uno de los pueblos de nuestra provincia (junto con Almuradiel y Villanueva de San Carlos) creados en el plan de colonización y diseñado por los arquitectos de Carlos III, quien llevó a cabo un ambicioso plan de repoblación en la zona de Sierra Morena (ver Almuradiel) y sus zonas limítrofes.

Se le conoce como el "Pueblo de la Plaza" o el "Cristo". Ambas denominaciones están avaladas por la extraordinaria importancia de una, y otro.

En muchos de los pueblos manchegos las plazas mayores constituyen el lugar clave para la actividad comercial, los mercados de ganados, antaño, las corridas de toros, el paseo en los días festivos o simplemente para ser admiradas como las de Infantes, Almagro y la de San Carlos del Valle.

El pueblo presenta un plano completamente regular dispuesto en torno a la carretera local con su plaza a un lado, a la que se accede por tres arcos de ladrillo. Su planta es casi rectangular con soportales de columnas toscanas que sostienen pasos de galerías adinteladas. En sus lados mayores están la iglesia del siglo XVII y un cuerpo de pisos con balaustradas de madera. En el lado menor, el ayuntamiento y una casa particular con típico patio.

La plaza fue creada para que sirviera de atrio a la magnífica iglesia del Cristo, construida sobre el antiguo Santuario de Santa Elena, donde dice la tradición que apareció un cristo milagroso dejado en un pajar por un extraño caminante. La iglesia fue construida entre los años 1713 y 1729 siendo una de las mejores del barroco final en la provincia. Su planta tiene forma de cruz griega y cubierta por una gran cúpula ochavada, preciosa en el exterior, flanqueada por cuatro torres.





El templo en sí es majestuoso y se sea o no creyente merece la pena visitarse y contemplar sus portadas que son verdaderos retablos que dan aún más hermosura a la plaza.

Este pueblo era anejo de Membrilla, se hizo villa en 1800 y se llama vulgarmente el Cristo del Valle y sus vecinos gustan de llamarse "cristeños"




Superficie: 57,2 km. cuadrados.


Evolución de la población:

En 1970 (1.455 habitantes), en 1981 (1.290) y en 1991 (1.298)

En 2025 eran 1.055.




Del año 1889, les recuerdo, son los mapas que manejo. Pasemos a enumerar las casas:


Casa del Tío Celestino, de Regino, del Poyo, de Chaquetón, de Ocaña, de Buenos Aires, Casa Huerta de Santa Elena, de Diego Abadillo, de Valeriano, de Bernardino, del Catalán, de Calderón, de la Parda, de don Tomás, de Hontanar, de Lara, de Requena, de Carrasco (arruinada), de los Leles, de Rana, de José Bellón, de Vistalegre.

Casilla Oroba.

Las Casillas.

El Colmenar. 



Chozo de Jaraba.

Madoz cita el caserío de Huerta de Santa Elena.



Y ahora los molinos. San Carlos disfruta de las aguas del río Azuer:

Molino del Blanquillo, de Santa Elena, del Chico y de los Moros. 





Caminos:

De San Carlos a Alhambra, a La Solana, del molino del Chico, de los Contrabandistas, a Pozo de la Serna, a Alcubillas, a Infantes, a Valdepeñas, del Charco, de la Casa de Parda, de los Moledores, de las Carretas... 

Senda de la Fuente de la Allozosa, del Galbarín... 

Aunque Madoz cite esta fuente con el nombre de Llozosa, se trata del mismo manantial de buena agua.





Hay uno en especial que me llama la atención, de ahí que le siga la pista, se trata del Camino de las Casas de Santa María a San Carlos del Valle. 

Este caserío se encuentra dentro del término de Valdepeñas. Y me llama la atención porque en el confluyen tres caminos: El que va a San Carlos, el de las Carretas y el de los Contrabandistas. Todo esto entra en ese apartado de "curiosidades" que nos aportan los mapas. El hecho de que determinados cortijos, casas o manantiales tuvieran su propio camino para ir a una determinada población, aunque estuviera fuera de su término.







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