Mostrando entradas con la etiqueta Por el Campo de San Miguel (Desde Puebla del Príncipe a Villamanrique). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Por el Campo de San Miguel (Desde Puebla del Príncipe a Villamanrique). Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de abril de 2021

POR EL CAMPO DE SAN MIGUEL. DESDE PUEBLA DEL PRÍNCIPE A VILLAMANRIQUE.

 

La ruta de hoy tiene muchos encantos: La estación que la reviste, marzo; un camino antiguo, el de San Miguel, por donde trascurre; una calera, y un oficio; una montaña, una reflexión: 

Caminemos.


Salgamos por el camino que hay junto a la plaza de toros.


Si leísteis la entrada que hice sobre la ascensión al Yesero, recordaréis que al frente, la montaña; a la derecha, saldríamos a la carretera de Almedina, y a la izquierda surgen dos caminos.


Tomaremos el de la derecha, iremos a las faldas del Yesero (984 m.)


Y nos detendremos ante los restos de un horno para la manufactura del yeso.


La pendiente es muy pronunciada, lo que no impide renunciar a admirar lo que aún permanece de un oficio que fue imprescindible entre los años 40-60.


Me dicen que era un yeso de color rojizo.


Villamanrique se deja ver desde la ladera.


Aquí lo cocían y posteriormente lo trituraban para dejarlo preparado para uso en albañilería y enfoscado de fachadas.


Muchas veces son los restos que encontramos los que nos hablan de un lugar.


La forma del Yesero, su nombre, las dentelladas que perduran suavizadas por olivares.


Proseguimos por el camino de San Miguel; en los mapas, de Las Quebradas, paraje que atraviesa.



Arroyos como este que nace en Los Mirones.


Seguiremos por el de la izquierda.


Estamos a primeros de marzo y los almendros ya están completando su floración.


La luz juega a iluminar los rojos impresos en el campo.


A mi izquierda, Las Quebradas, lugar donde intercambian la Virgen de Mairena los pueblos de Villamanrique y Puebla.


Se espera lluvia y los círculos del abono parecen jardines ambulantes.


Y surgen, a partir de ahora, esos cerros a los que no puedo poner nombre, porque no soy de vuestra tierra, soy simplemente una aficionada a los caminos, con ese hábito adquirido desde la infancia.


Infancia remota que se aleja a la par que envejeces, como deshilachando los haberes, desconfigurando las fábulas...


Y los recuerdos, como hace ya un tiempo, en el que proyecté la feliz hazaña de remontar la senda que cruza por encima de los escarpes de este Campo.

¿Porque habrá una senda?



Y surgen los esbozos en forma de ruinas, o al menos así me lo parecen.

Y me pregunto dónde estuvo ubicada la desaparecida ermita de San Miguel.


Se suceden los arroyos de cuyo nombre ignoro.


Y esta tierra roja que encandila, que parece estar en pugna con el verdor del campo. Al final la sangría de su color enfoscará la superficie que pisamos.


Como un libro en la arena permanece este mojón.


Para nada, por si decides hacer este camino, lector, se hace pesado el caminar. 

Además, no solo llega hasta Villamanrique, también desviándose a la derecha nos llevaría, pasando por Cernina, a la Torre de Juan Abad.



Almedina también se presenta.



Rediles. Ensoñaciones de pastores sin ovejas, de ganaderos sin reses.



Y cuando ya atisbo cerca Villamanrique, me veo multiplicada en otros tantos caminos que me han llevado a pueblos que desde la distancia ya eran libros abiertos.


Libros de donde emergían imágenes de arena que luego se convertirían en fortalezas.


Lo único cierto es que caminar nos hace más pensativos.


Me recibe Villamanrique.

Como tantas veces, he viajado sola, porque así lo busco, porque así consigo, como describe Unamuno:

"Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento"

A Rafi, de Puebla, entre otras razones, porque hoy es su cumpleaños.

Marzo 2017.