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domingo, 4 de abril de 2021

"BODEGAS ANTIGUAS EN VILLAMANRIQUE" POR JUAN ANTONIO VALLE GARCÍA.

 



"Bueno ya que estamos recordando cosas de nuestro pasado, me ha animado mi mujer para hacer un relato que jamás olvidaré, para ponerlo en el blog de nuestra amiga, del Campo de Montiel. 

Allá por el año 1965 más o menos, hasta donde alcanza mi memoria, os voy a hablar de las bodegas que recuerdo de Villamanrique. 

En la calle Cervantes había una bodega de los hermanos García, ya fallecidos, que los llamábamos los Fremios. Luego había otra bodega en el Pilar Viejo, de Bernardino Jiménez. Recuerdo muy bien que había un muelle donde descargaban capachos de uvas del carro y arriba había una báscula donde iban pesando. En la calle Abrevadero había otra bodega del hermano Atanasio Coronado, que por cierto seguro que las tinajas estarán ahí porque eso está como estaba antiguamente, lo mismo que en la bodega de los hermanos Garcías que también están las tinajas como estaban, y en la de Bernardino Jiménez, ahora que es de  Paca, también queda algo de esa bodega, que yo recuerde de bodegas grandes. Ahora pasamos a otras más pequeñas para consumición propia que había en las casas, que aquí yo ahora me centro que es a donde quería llegar, porque en mi casa, casa de mis padres y mi tío abuelo llamado Fulgencio, tenían una bodega propia pequeña pero con un buen vino de uvas blancas de sus viñas, cosecha propia. Había dos tinajas de 60 arrobas más o menos y otra tinaja de 120 arrobas con su prensa, en el suelo había una tinaja metida como pozo de 20 arrobas donde caía el mosto cuando pisaban la uva mi tío abuelo y mi padre, con unas chanclas de tabla, para luego ese vino y también vinagre ser vendidos al público y consumición propia, eso fue allá por los años 1965, luego en el año 1970 más o menos solo se hacía ya una tinaja de 60 arrobas para consumo propio, y dirán ¿todo ese vino se bebían? pues no, era para consumo propio sí, pero no es por que fueran de mi padre y mi tío abuelo, ahí toda la persona que entraba era invitado y además estaba el que generosamente ellos regalaban porque eran así de buena gente. Recuerdo una anécdota que  cuando nos la contaba mi padre eso era hacer obra de caridad, cuando mi padre vivía en Montiel, siendo joven, se juntó con un hombre de Albaladejo, llamado Emilio, que venía de la mili desmayado, lo metió en su casa sin conocerlo de nada, le dio de comer y encima le dio algo de dinero para que llegara a Albaladejo, ese era mi padre,  tuvieron una buena amistad hasta que fallecieron los dos. 

Sigo con las bodegas, en el año 1974 que fue el último año que se hizo en mi casa ya vino, recuerdo que fuimos la banda de música del pueblo, como mi padre fue músico al igual que también lo fui yo, se hizo un convite en mi casa y ahí todo el mundo bebía vino blanco en una jarra de cristal que parecía el vino del color de la miel, tenía 14 grados ese vino y no llevaba agua, era puro del mosto, el agua que llevaba era el de lavar las chanclas de madera incluso los pies de los pisadores.

 

Las viñas eran de uva blanca, eran de mi abuelo y mi padre, todo el vino que se hacía, era de una finca llamada Los Chaparrales, quedaba con 14 grados que en la uva blanca es el máximo grado que da. 

Desde bien pequeño, con 2 años, aunque no lo crean, ya estaba yo entre las viñas por ser el único varón además de mis tres hermanas, me llevaban mis padres. Cuando yo podía pero bien pequeño ya vendimiaba, de ahí me  vienen los genes de haber sido buen podador, tuve buenos maestros desde bien pequeño, me enseñaron mi tío abuelo y mi padre todos los trabajos de las viñas del campo, la siega que eso es otro cantar como solemos decir. También recuerdo que segando yo le decía a mi abuelo que me dolían los riñones y me decía "ven acá" y me ataba una piedra como los dos puños encima de los riñones , decía "a qué ya no te duele" y yo decía que no y seguía segando, las cosas que se hacían antes, esto se lo dices hoy a la juventud y no se lo creen pero es tan cierto como que estoy vivo y orgulloso de haber tenido a estos profesionales, esto jamás mientras viva lo olvidaré, lo recuerdo en homenaje a ellos, a mi tío abuelo Fulgencio, que tengo que dejar claro que le digo tío abuelo porque era tío de mi padre y criaron a mi madre  con su mujer, por quedarse con 13 o 14 años sin padres,  también nos crío a nosotros junto con mis padres,  por eso nosotros, mis hermanas y yo, lo llamábamos abuelo. El relato que escribo va en homenaje  para ellos: Fulgencio Valle Mena y mi padre, Juan Antonio Valle Ricote, un beso al cielo para ellos" 

Escrito por Juan Antonio Valle García.