Ha transcurrido justo una semana desde mi última salida y el paisaje parece como si hubiese envejecido de repente, es cierto que, para captar la belleza de ciertos lugares, precisamos un cielo en contradicción con la tierra, pero es difícil que encuentre esa vertiente en los escasos días en los que puedo seguir con mis rutas.
Así que permitirme que os deje en la confluencia de caminos que hay entre La Sonera y la Cabeza del Mijo, allí donde la Vereda de los Serranos destaca altiva, hoy la seguiremos adentrándonos, en realidad, ya estamos, en el término de Montiel, que tiene la particularidad de meterse entre los de otros pueblos a modo de fracturas, como dedos que intentan entrelazar cada territorio, así que en un momento piensas que estás en Terrinches y sin darte cuenta es Montiel el que tienes bajo tus pies.
Veamos, si nos dirigimos, y no es por repetir, hacia el frente, iríamos a Cervera y sus huertas, antaño base y sustento de gentes que afanaban sus frutos abundantes, y desde ahí a Terrinches; a la derecha seguiríamos por la vereda hacia la carretera; y a la izquierda, mi vereda de hoy; justo detrás de mí, de donde vengo, de esos parajes que suenan a nombres ya conocidos, Sonera, Haza Jara, Collado de las Cabezas.
Por tanto y para abreviar os remito a otra ruta que hice, para que empecéis desde allí: "De la Puebla a Terrinches por la Cañada Real de Andalucía"
Estamos ya en nuestra Vereda de los Serranos, o Cañada Real de Andalucía o desde hace unos años etapa de la Ruta del Quijote.
Detenéos en toda la carga que lleva inscrita la palabra "paisaje".
Es mi segundo intento, el año pasado no fue posible, equivoqué el acceso y hoy te estudio desde la lejanía. Hasta dónde te llegan los pies del olivar, ese será mi camino.
Aún la primavera se resiste a dejarnos.
Almedina siempre señorea los campos donde surge airosa.
Eres de los escasos montes que no aparecen coronados por vegetación y es que tu cima, en apariencia, parece demasiado frágil.
Ser todo oídos, las culebras se desperezan.
Ya te tengo la medida tomada.
Y ya en el ascenso, que a su vez repite otros muchos que he hecho, vuelve a reecontrarme conmigo misma, con desafíos pequeños que no desmerecen de otros. Las cimas son siempre sueños atrapados.
Escandas tomillo. sobre todo.
Esta mañana no veo milanos reales sobrevolar el horizonte, pero no importa, las miradas se elevan asemejando veletas que dejamos escapar en nuestra niñez.
Siempre estáis ahí enfrente, mis montañas favoritas, Sarga y Padrón, el Cambrón con su extensa meseta, cómo olvidaros.
Y ya desde estos elevados pagos, en algunos mapas sois 1.006, en otros 1.008, qué más da, despliego un abanico de soledades, porque aquí se rellenan los espacios sin nombre, los duelos se difuminan, las esperanzas se nos devuelven.
Os dejo con los colores del verano.
Con los silencios que nos depara madrugar.
Con firmamentos de olivas y estancias de laboreo.
Debe ser por esto por lo que te conocen como Nido de cigüeñas. Desde aquí me preparo mentalmente para decidir cual será la próxima, las que se orillan a Cervera, todas parecen interesantes.
"Cinco minutos son suficientes para vivir una vida entera, así de relativo es el tiempo"
Benedetti.
Es un decir, nunca serán cinco minutos, te podrías quedar una vida entera labrando pasos entre las cimas de montes.
Anotando, tras aprender, el nombre incierto de cada vértice.
Cabeza del Mijo.
Y te preguntas cómo serás en primavera o en el rudo invierno.
En ese catálogo que he ido elaborando a través de las estaciones, aún no he encontrado tu nombre, sin embargo sé en que remotos lugares te encuentras.
Nunca olvidemos la importancia de la Vereda de los Serranos.
Todavía es posible ver el ganado circular por esta vía, mucho más estrecha.
Retomo la vuelta por la misma vereda, los pasos históricos llenan más.


























