"Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal en su servicio, ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya sólo en amar es mi ejercicio"
San Juan de la Cruz.
"Hay personas que llegan sin hacer ruido, pero dejan una huella profunda, de las que el tiempo no borra. Así fue conocer a Miguel Mesa en aquel 2022 que hoy recordamos con especial cariño. Un hombre bueno, de mirada limpia y trato afable, de los que inspiran confianza desde el primer instante y se quedan para siempre en la memoria.
Miguel no solo habló de la trashumancia; la vivía, la sentía y la regalaba con el corazón en cada palabra. Con una pasión que emocionaba y una alegría sincera, supo despertar en los niños de nuestro pueblo algo más que curiosidad: encendió en ellos el asombro, el respeto y el amor por una forma de vida que resiste, aunque el mundo avance deprisa y a veces olvide sus raíces.
A través de sus historias, de sus pasos y de su manera de mirar la tierra, nos recordó que hay oficios que no deberían perderse nunca, porque en ellos habita la memoria de quienes fuimos. Y, sin darse cuenta, Miguel sembró algo mucho más grande que conocimiento: sembró emoción, conciencia y un legado invisible que seguirá creciendo en quienes tuvimos la suerte de escucharlo.
Porque hay encuentros que no se explican, solo se sienten. Y conocer a Miguel Mesa fue, sin duda, uno de ellos"
Lourdes Vélez.

"Con estas palabras quiero rendir mi pequeño homenaje a Miguel, digo pequeño porque él se lo merece todo. Era un hombre muy bueno que transmitía todo su conocimiento de una forma muy natural. Recuerdo su llegada a la Casa de Quevedo a través de Rosa. Miguel, una persona muy humilde con un gran conocimiento y vivencias, desde el primer momento fue un encanto hablar con él de todos los proyectos que tenía y en los cuales tanto trabajaba, de momento quiso dar a conocer este museo y este pueblo, Torre de Juan Abad. Escribió muchos artículos, entre ellos uno sobre "la chimenea", cómo la construyeron y la puso en valor para el conocimiento de todos desde el punto de vista de la ingeniería. Lo hacía todo con muchísima ilusión y cariño, escribió grandes artículos sobre este museo, y sobre el patrimonio de la Torre y para nuestra suerte y con orgullo podemos decir que en este museo tuvo su exposición, hablándonos de la trashumancia, de la arquitectura de Vandelvira y la importancia de sus puentes, dando a conocer todas sus vivencias en una conferencia, una exposición que le costó llegar hasta La Torre, ya que cuando lo teníamos todo preparado llegó la pandemia del Covid y tuvimos que posponerla, pero llegó.
También tuvimos la suerte de que todos los niños del colegio pasaran por aquí y pudieran conocer a Miguel acompañado de su esposa que lo seguía con tanto gusto. A los niños les contaba cómo eran esas jornadas acompañando a los pastores, les habló de las ovejas, la función de los perros, la importancia de los caminos y la sostenibilidad y el medio ambiente, los niños disfrutaron mucho con él pero recuerdo que él también me contaba cuánto había disfrutado con ellos y lo que había reído con las anécdotas que le contaban y que fue un día que nunca olvidaría.
Desde Torre de Juan Abad tenemos mucho que agradecerle y yo personalmente lo recordaré siempre con mucho cariño y a su esposa. Un abrazo allá donde estén"
María Vega Morcillo.
"Quiero dedicar recordando con unas palabras de sentimiento a una persona muy especial en nuestras vidas, tanto en la mía como en la de mi marido, a nuestro Miguel Mesa y también a su esposa Amalia. A ella por desgracia no la llegamos a conocer con el empeño que el tenía de que algún día juntarnos a todo su círculo de amigos y pasar un día o un rato juntos, pero el destino no quiso.
A Miguel lo recuerdo como una persona inteligente, recuerdo muchos textos en su blog. Era incansable con todo lo que se proponía: sobre la trashumancia, sus rutas por las vereas como él las llamaba, incluso cuando hablaba de sus textos religiosos o de sus puentes o todo lo referente a arquitectura, gráficos, etc.
En fin no quiero extenderme más porque no acabaríamos en mucho tiempo porque el dejó un legado muy grande. También quería recordar a su esposa, como he dicho antes el destino no quiso que nos conociéramos, pero sí virtualmente cuando hablaba Miguel de ella con un sentimiento muy especial por lo que debió ser una buena persona. Un recuerdo muy especial para los dos, que su Santo Reino, como él también me decía a mí, los tenga en un buen lugar que seguro que están, sin dudarlo. Una oración para ellos"
Francis Garrido.
Puente de Vandelvira en Albaladejo.
"Al hilo de un puente renacentista sobre el río Guadalmena"
"Desde que empecé a tenerle querencia a estas cosas de la Historia y, por ende, a las "piedras", asuntos que después tanto han marcado mi manera de proceder, me intrigó conocer dónde estaba la diferencia entre maestro de obras y arquitecto. No es cosa de entrar en disquisiciones epistemológicas, pero para un novicio, como entonces lo era un servidor, la cosa quedó zanjada bien pronto. De una parte, quise entender que el arquitecto destaca por su pericia para dibujar sobre papel la mayor de las abstracciones arquitectónicas, mientras tanto, el buen hacer del maestro de obras resulta del grado de conexión entre la concepción de una idea y la destreza para hacerla realidad. A fin de cuentas, concluí, qué es sino el prototipo de hombre del Renacimiento que la conexión más eficaz entre cerebro y manos. En este asunto hay quienes, buscando donde bien mirarse, se veían en el italiano Da Vinci; uno, más de pueblo, pero bien leído, amante de la cercanía, creí verlo en Andrés de Vandelvira. El genio, no siendo de Jaén, que era albaceteño, hizo buena sementera de piedra en las tierras generosas del Santo Reino.
Y ahí, anclada en el tiempo, quedó aquella reflexión.
Con el tiempo, por el asunto de ir quemando etapas y ganando cicatrices, también porque la vida te pone delante a personas tan enormes que nunca las llegas a calibrar del todo, fui apreciando que ese tipo de sujetos, no siempre circunscritos únicamente a la piedra y al resultado de sus formas, poseen otros atributos que en un principio no supe ver. Es posible, aunque no podría afirmarlo a ciencia cierta, que la impecable y milimétrica conexión entre mano y cerebro les haga ver la vida de una manera mucho más equilibrada, también más desinteresada. De ahí esas otras cualidades, casi siempre relacionadas con el desprendimiento material, pero también con la audacia y el arrojo, que fui identificando en aquellos "nuevos maestros"
Pues volvamos a lo que nos traía, a esa clase de tipos que parecen gestados en el mismísimo Renacimiento. Cuando conocí a Miguel, desde la distancia y por teléfono, pues en verdad nunca llegamos a tratarnos en persona, aunque sí me leí y releí sus escritos y echamos horas de conversación, sentí que aquel hombre era todo sabiduría, también humanidad, pero es que además era incansable. Ya digo, a Miguel nunca lo conocí en persona ni pudimos debatir con vino y voces, como aprendí a hacerlo en días que ahora veo lejanos, pero fueron muchas y buenas las horas de consulta telefónica. Siempre se establecieron en un doble sentido, porque Miguel te tiraba una piedra con tanto arte y desinterés material que uno se subía al carro sin pensarlo. Y otro tanto hacía él cuando era yo quien le solicitaba algún dato o fotografía sobre un tema de ingeniería que se me escapaba. Y tal énfasis ponía, que el requerimiento acababa siendo informe minucioso y detallado, vuelo de dron y posibilidad de recreación digital.
Y es que, con los años, en cuestión de personas y personajes, aunque no lo quieras, la experiencia te deja ver de qué pie cojean y si esconden el muñón...Y Miguel no tenía nada que ocultar, tampoco necesidad, porque Miguel era de decir las verdades en la cara. Y hete ahí que la amistad de Miguel, teniéndolo cerca geográficamente, me llegó desde la distancia, por mediación de Rosa Cruz y las mil aventuras en las que ella suele embarcarse. Muchas de ellas, como la que trajinó para Miguel por el río Guadalmena y con asuntos de puentes, metiéndose en el barro y con los pantalones arremangados hasta la rodilla. Y en este capítulo, los imagino tal cual, uno de Alonso Quijano y la otra de Sancho, y viceversa, sin saber dilucidar quién es quién, cada uno trajinando por su cuenta. A Miguel, leyendo y releyendo cualquier documento de archivo que le permitiera obtener una migaja de información sobre su arquitecto, Vandelvira; y a Rosa, pionera en tanto, metida por aquellos pagos del Guadalmena, rompiendo barrancos y avanzando entre charabascas, armada de perro, cámara y bastón. Con un arrojo desmedido como única coraza, la veo en busca de estribos, tajamares y pretiles que permitiesen a Miguel recuperar del pozo de la desmemoria histórica aquel puente singular, pero tan sencillo y funcional como estéticamente bello"
José María Cantarero.
Me pongo a escribir unas letras
porque quiero rendirte mi homenaje
junto con todos los que fuimos
en este mundo tus amigos.
En persona no llegué a conocerte,
ni a ti ni a tu esposa,
y espero que Dios os tenga
juntos en la Gloria.
Porque bien merecido lo tenéis.
Siempre hablábamos por teléfono
y por nuestra amiga Rosa
llegamos a comunicarnos.
Y solo en hablar contigo
supe captar todas las virtudes que tenías
y lo buena persona que eras.
Hombre cristiano, humilde,
luchador y trabajador.
Hombre inteligente
pero con los pies puestos en la tierra.
Te hiciste tan humilde
que llegaste a ser pastor
y andar por esas "vereas"
con los animales que tanto te gustaban.
Y solo por ayudar a los pobres y más desfavorecidos,
con tantas obras buenas y de caridad
que has hecho en este mundo
creo que Dios las habrá recompensado.
Porque Dios no deja nada sin pagar.
Y tú te merecías muchas cosas,
solo me queda decirte
que donde estés no nos olvides
como nosotros en este mundo
no nos olvidamos de ti.
Recibe mi humilde homenaje
de ésta que en la vida
sintió admiración por ti"
Paca Jiménez.
Miguel Mesa (en el centro), pasando por el puente Mocho.
"¿Dónde van las sombras de los que se fueron, las sombras de los ausentes?
¿Dónde van las sombras, las que ya no tienen a nadie a quien seguir?
Sombras huérfanas de sangre y piel, que se adhieren a alguien al nacer y le siguen como compañero fiel.
O abriendo paso al desfile de su ser..."
Un poeta de nuestro tiempo, J.Bienvenido, escribía una canción preciosa y muy sentida a la muerte de dos amigos, cinco años atrás.
Hace dos que una sombra se quedó huérfana y sin nadie a quien seguir y seguro que no se resigna a adherirse a cualquiera después de haber acompañado, ¿72 años?, la figura de una persona que la llevó consigo a vivir bonitas experiencias, a conocer lugares y gentes que enriquecerían sus vidas. Todo encaminado a hacer siempre de este mundo un lugar mejor, todo encaminado a trasmitir sus conocimientos, su riqueza espiritual y todos sus valores a quienes pudieran y quisieran escucharle y leerle.
Quizá esa sombra se hacía más alargada y se asomaba tras su hombro, mientras escribía a la luz de la lamparita en las noches y madrugadas, ese inmenso "Chilanco Elías" que tan buenos momentos nos ha proporcionado y tantos y variopintos conocimientos y enseñanzas hemos adquirido gracias a él.
Su sombra, ahora, seguro que vaga buscando otro genio como él a quien nadie haga sombra. Mientras tanto aquí, nosotros, los que le hemos conocido a través de alguien especial también y sobre todo a través de sus obras, le hemos echado de menos, (una persona de ese calibre deja un gran vacío), pero también deja pistas de que sigue con nosotros. Concretamente, el domingo de Resurrección pasé por el puente Mocho, ese puente por el que peleó para volverlo a la vida, porque sin el empeño de restaurar y mover a las gentes que podían hacerlo, ese lugar milenario puede que hubiese desaparecido por la desidia de quienes tienen los recursos, pero no las ganas de que no se pierdan esos retazos de la historia que nos unen a nuestro pasado.
Pues ahí estaba él, estaba su esencia, su vitalidad, dando vida a las piedras.
En su entrada del trazado de Linares-Almería, también me picó la curiosidad y como suelo ir mucho a Almería, el primer verano después de su ausencia, decidí hacer la ruta al revés, Almería-Linares. Cierto es que desde el trazado de la vía ha pasado más de un siglo y lógicamente ha cambiado mucho pero se valora y admira el gran trabajo realizado para obtener tanta información y tanta fotografía.
Decididamente, su obra le va a devolver a la vida, durante mucho tiempo en el recuerdo de quienes le hemos conocido y admirado.
Como campomontieleña, le agradezco infinitamente sus preciosos trabajos sobre mi tierra, se le veía el cariño que le tenía.
Solo siento que no haya podido describir con su mirada de profesional y su sensibilidad como persona, nuestra hermosa iglesia.
En fin, no hay nada que podamos decir que no haya dicho él en su blog. Su trabajo está ahí y hablará siempre por él.
Sólo agradecer a la vida la suerte de haber coincidido con un ser humano tan completo"
Enriqueta Manzano.
"Conocimos a Miguel en la charla que dio en la casa de Quevedo. Fuimos mi madre, mi hermano y yo y nos gustó mucho.
Cuando estaba ingresado en el hospital de Jaén le hice una ovejita porque le gustaban mucho estos animales, lo hice para darle ánimo.
Para hacer la ovejita cogí una lata de refresco, le pegué algodón, le puse unos palos de helados como si fueran patas, un huevo de corcho era la cabeza que forré de goma eva y algodón, los ojos los compré. Y sé que le gustó. Miguel y Amalia, cuidad de nosotros desde el cielo. Muchos besos"
Juan José Huéscar (12 años).
"Miguel Mesa, un placer leerlo y sacar tanto aprendizaje de su relato. Es para mí casi un pecado, siendo de Puebla del Príncipe, conocer solo por encima Almedina, pero a partir de ahora prometo interesarme en ir a ver todo lo que nos ha mostrado.
Me ha interesado muchísimo cómo describe y enseña como llega el caudal a los caños, el manantial, las obras faraónicas que nuestros antepasados hicieron con la piedra en la cantera. El puente romano, obra majestuosa. La verea de los Serranos (muy nombrada por mi padre y que a menudo hemos visitado en su paso por la Puebla). Mágico parece imaginar, pero a la vez poder seguir viendo, la trashumancia. Un tesoro de nuestras tradiciones y muy bueno para nuestros animales.
Gracias por ilustrarnos sobre las norias, cosa que me apasiona, pero que desgraciadamente ya solo las veo en ruinas, obras también ingeniosas. Me gustaría corroborar la cita de Cervantes: "Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades". Mucha razón.
Gracias Miguel, (allí donde estés), por tanto"
Ana Quijano.
A medio camino en esta entrada, dedicada a dos personas excepcionales, quisiera que hicieran una sencilla prueba: pongan en su buscador en internet "la Vereda de los Serranos por el Campo de Montiel", verán que como primera opción les da: "Por la "Verea de los Serranos" en el Campo de Montiel" (Blog: el chilanco Elías)
Otra más. Si quieren saber algo del puente romano de Infantes, por ejemplo, aparecerá entre las primeras opciones: "El puente de Triviño en la Verea de los Serranos" (El chilanco Elías)
O si nos preguntamos por ese puente casi desconocido en Albaladejo del gran arquitecto Vandelvira, lo hallaremos en:
"Los puentes de Andrés de Vandelvira en la provincia de Jaén (dialnet.unirioja.es de Miguel Mesa Molinos)
Y aún hay más, mucho más, ¿saben que Miguel se presentó en varias ocasiones al Congreso de Caminería de la Cerradura y que uno de sus trabajos más admirados llevaba el título de: "Hitos, enclaves, villas...en la Verea de los Serranos en el Campo de Montiel"? Son 157 páginas dedicadas, con un tesón incuestionable, a estas tierras y sin embargo puede que para muchos de ustedes este genial hombre sea un total desconocido.
Lo que pretendemos, con esta entrada-homenaje, no es solo recordarle a él y a su inseparable esposa, (nuestros amigos), quisiéramos que fuese visible y reconocido su trabajo, por méritos propios. Porque no pueden pasar desapercibidas tantas horas de estudio, esa minuciosidad a la que se entregaba, desde bien entrada la madrugá, para explicarnos, con la amenidad que le caracterizaba, lo que muchos desconocíamos.
Visualizar su extenso legado y reconocer su figura, esa es la cuestión.
Si hemos conseguido que indaguen en su blog comprobarán el alcance de su trabajo. Porque su pasión era esto, buscar respuestas, el porqué de las cosas, la precisión del artista con amplio bagaje. Un ejemplo más, el cómo conseguía demostrarnos el funcionamiento de un molino desde la más pequeña de sus piezas. Además sus trabajos eran extensivos a muchos otros campos: religiosos (Las huellas de Santa Teresa), la trashumancia (un ingeniero técnico industrial que se hizo pastor, para conocer desde dentro esta gran labor, no desde despachos, desde el campo), trabajos relacionados con su oficio (puentes, edificios, molinos...),su labor humanitaria (preparar el intrincado camino a los cirujanos oftalmólogos que partirían al Sahara o los críos que traía para Jaén para que olvidaran por un tiempo que la vida era otra cosa fuera de su campamento de refugiados de Tinduf)...Un Miguel con diversos oficios, maestro y alumno, solidario hasta la médula, creador de tantas páginas como sueños pueda tener una persona. Podría extenderme pero sé que muchos de ustedes buscarán en su blog: el chilanco Elías, las diversas facetas que marcaron su vida. Así entiendo que una persona puede desaparecer pero no su legado ni su recuerdo.
Le dedicamos, entre todos, estas palabras en abril. Más allá de una fecha en la que se recordará el tiempo que lleva sin nosotros, fecha, sin citar, en la que incluyo a su Amalia, porque algo se muere cuando tu compañero de vida fallece. Tan solo 8 meses tardó en partir tras él. Así queda este mes de abril, mes de pérdidas, mes de añoranzas. No cumplimos años, cumplimos primaveras. Este mes señalado con un Día del Libro, que debería hacerse extensivo a la totalidad del año. Día o mes, da igual, en el que celebrar que cada persona que escribe un libro, (y él acometió esa tarea tan fascinante en varias ocasiones, aunque no fuera tangible en nuestras manos), se hace inmortal. O contribuyen a ello los periódicos que se hicieron eco de su lucha por ese puente Mocho y por la trashumancia tan unida a él, que seguro ganó adeptos, que consiguió que saliera a la palestra esa vital función. Cuando apenas era visible ese oficio ancestral y quienes lo han ido manteniendo, generación tras generación, tantos siglos.¿Conocen a gente que tras jubilarse deciden hacerse pastor?La vida te da oportunidades, las coges o no, esa será tu elección. Él supo embarcarse en cada una ellas, fue haciendo caminos, pero el último quedó truncado prematuramente. El de su Amalia, también.
Lean, y relean lo que dejó escrito, un "libro" inmenso para detenerse en cada faceta de la vida, de la vida que creemos que no agita, pero conmueve.
Creo que alguien tras leer su extensiva obra creerá verlos pasear por Infantes. A el tomando medidas a las cerchas que Carricajo diseñó para el Mercado, mientras que Amalia contempla los cuadros que se exponen en esta sala, porque ella amaba la pintura y la practicaba con soltura. O quizás los vean departiendo con algunos de los pastores que aún quedan por los campos de Almedina, junto a ese pequeño puente romano imbuido en la calzada y con ese telón de fondo imponente, las Cabricerías. O quizás en las esquinas donde se adormece la luz en la casa de Quevedo para estudiar, a solas, esos legajos tan fascinantes...
A cada oveja dio su pastor; a cada maquinaria, su engranaje y a cada molino en ruinas supo devolverle el sonido de la molienda. Nos hizo caminar junto a Santa Teresa de Jesús y nos involucró en la creencia, hoy afirmación, que el Campo de Montiel tenía su valía y que debíamos trabajar para demostrarlo.
Visualicemos con detenimiento su legado y reconozcamos su labor.
Quedan todos invitados a dejar unas palabras, ya sea porque le conocieran o porque siguieran su obra, antes o ahora, nunca es tarde.
Por esta vez no admitiré comentarios como tal, lo que ustedes escriban acerca de Miguel quedará incluido en esta página. Como muestra de condolencia, como muestra de admiración, porque reconozcamos que somos alumnos ante el maestro. Y pido que si se deciden no lo hagan en "anónimo", sus nombres importan; sus palabras, también. Gracias.
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