"Hay cobijo ante las desdichas
entre sus calles y parajes.
La vida golpea, el pueblo aguanta"
"He construido un lugar que perdure en el tiempo. Lo he dotado con la cara de Villamanrique pues, como dijo Juan Lobillo: "Pinto mi pueblo natal, porque gracias a él tengo la vida que tengo"
Me agrada saber que la novela ya se encuentra en varias librerías, mostrando al pueblo y enseñando sus costumbres. Me ilusiona que alguien se anime a visitarlo tras leerla, pues toda la novela podría resumirse en un poema de amor al pueblo. Es un grito contra su desaparición.
Sus personajes son muy diversos, el pueblo encarna uno más. Todos son ficticios, salvo mi padre-que pasa a llamarse Gregorio- y Cándido Martínez. Junto al resto, coinciden en su apego por el pueblo, donde nos cuentan sus vivencias: Alberto, incapaz de amar. Sara y Tomás, dos animalillos salvajes cuyo hábitat lo forman las calles del pueblo. Emeterio, quien conoció el amor poco antes de estallar la Guerra Civil y quedó marcado para el resto de sus días. Gregorio, el electricista alumbrado por la poesía. Doña Amalia, la terrateniente, fundadora de una saga marcada por el infortunio. Don Marino, el querido maestro de varias generaciones. Raquel y Nacho, urbanistas que llevan al mundo rural el emprendimiento. Miguelón, nido de los siete pecado capitales. María, Consu, y también...las jaras, las carrascas, los perros, las berreas, las matanzas y las verbenas de San Miguel.
Rocío, una lectora de Madrid, está escribiendo su glosario con las palabras villorreñas de sus páginas. Me ha emocionado, pues le recuerda a Miguel Delibes por el vocabulario del campo y a la vez el punto de imagen poética. Pone como ejemplo: "Las bolluscas comenzaban a saltar como hadas traviesas"
Juan Antonio, de Albacete, comenta: "¡Es la esencia de la Mancha! Para que luego digan que no hay vida en los pueblos"
Explicaré su contenido, sin destripar nada, pues guarda varias sorpresas, el sábado 22 de marzo a las 18:30h. en el Centro Cultural Carlos Piqueras de Villamanrique. Prometo un rato agradable"
Antonio Maldonado Muñoz.
Quede para el recuerdo, de una tarde memorable, esta imagen de Antonio Maldonado Muñoz y su sonrisa. La amabilidad, la sencillez y los versos, como dardos certeros, que nos dirigió ayer al público, serán a partir de ahora un componente más de la nostalgia, porque una imagen, un sonido, una palabra escrita, son la esencia de la memoria. Recordaremos lo afortunados que fuimos por escucharle, a él y a todos aquellos que le arroparon con sus palabras (versos del escritor y textos propios), que a la sazón fueron: Cristina, Mari Carmen, Laura, Mari Prado, Jesús, Antonia, Lucía, Almudena y Cristi.
Memorable fue todo en conjunto, pero si me pidieran que eligiera algo, me quedaría con sus recuerdos de familia, una familia ejemplar y las palabras dedicadas al padre ausente, pero siempre cercano, el padre que nunca se fue, que recorre los caminos de Villamanrique o Belmontejo de la Sierra, y que permanece junto a los suyos y en el recuerdo de los momentos que compartimos los afortunados que le conocimos. El relevo del padre que tomó el hijo, los versos alumbrados que se transformaron de poesía a novela y que nos cautiva desde las primeras palabras del libro, ya no podremos dejar de leer.
Antonio, gracias por ser como eres. Un abrazo.
22 de Marzo del 2025.

