domingo, 15 de mayo de 2022

EN EL PARAJE DE LA RETUERTA (VILLAMANRIQUE)

 



Lugares hay donde la primavera se deja caer acompañando el casi imperceptible rumor del arroyo de la Fuente del Lobo.

Parajes donde la genista, el cantueso, el espino, la amapola, la jara...cohabitan compartiendo espacios. Parajes que llevan la marca del pasado.

Recuerdo a mi niño, chiquito, en su afán de escalar cualquier prominencia y en cómo nos incorporamos a la pendiente. Aquella vez, lejana, me parece volver a oír el rumor del agua en un tono distinto al de ahora, le faltan los sonidos más preciados por una madre, debe ser. Ahora todo es más apagado, como sumergido en silencio, como si acompañar al palomar herido fuese su oficio. Y porque recuerdo el cortijo erguido, lisonjero en aves, palomas blancas, que hoy se me hacen nubes y sus bien cimentados muros. Recuerdo sentarme a su sombra y contemplar la otra orilla donde ahora me hallo, lo veo lejano porque no acierto a recordar por dónde subí. No, no soy capaz de acercarme a la línea de sus piedras, he aprendido con los años, con los sucesivos incidentes a guardar las distancias, a discernir lo que puedo hacer y lo que no.

Deben ser los años, los que cimentan la persuasión.

Y todo esto me sugiere que nada me permita olvidar, nada en la vastedad de la primavera, nada. 



Y cito a la Botánica que tanto me enamora y entre tantas hechuras de flores conocidas te vi a ti, nueva en mi cuaderno.



Y a estas alturas ya se dejaron ver las aguas del arroyo de la Fuente del Lobo. Y me vino a la incierta memoria aquella vez que vi dónde nacías, en tan histórico enclave, entre el olvido y la ignorancia.
El agua, a jirones, se deja ver antes de perderse para siempre en los inhabilitados huertos que en otro tiempo olían a cebolla recién cortada.




El cauce se remonta hasta la otra orilla de la carretera y se empina hasta su inicio en una charca que ya conocieron los romanos.



Y tomé muestras (fotografías) de la llamativa genista.



Del perfumado espino (Crataegus monogyma)




De las amapolas (Papaver rhoeas) emergiendo entre las nubes.



Y de la fractura abierta del palomar. Supe que te llamabas...
Cortijo de Cristóbal López. Es bien sabido que os quedáis con el nombre del último dueño.
Que fuiste principalmente un colmenar.
Y que en esos mapas a los que recurro habitualmente para añorar, planos de principios del siglo XIX, te llamabas cortijo del Arrastradero.




Como estampadas en la tela, las jaras rosas (Cistus incanus)




Y aprendí a mirar espigándome, como el cantueso (Lavandula stoechas) mateando tras encinas.




Y como si la tierra hubiese vomitado roca, me alegró encontrar las "brechas" que rompen la monotonía de estos campos manchegos.




Y las luminiscentes orugas.




Hay lugares a donde regresas una y otra vez, otros, los menos, se mantienen en el vaivén de la nostalgia, a la espera de un reencuentro.




Y conocí, gracias a la memoria de un amigo anciano, que te nombraban como Tabla del Agüarillo, que hasta ti iban los chiquillos de Villamanrique, por la carretera, a bañarse.




Y discerní que la memoria sigue presente en cada renglón de la vida, entre malezas, amapolas, tejados vencidos, cielos curvados...solo hay que salir a buscarla.

Mayo 2022.

A mi hijo.






6 comentarios:

  1. Gracias por esta preciosa entrada llena de sentimientos, recuerdos y aromas. Un abrazo

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    1. Gracias a ti, por tu sincero oficio de trovador y por tu amistad, un abrazo

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  2. Rosa me ha encantado esta entrada como todas, pero esta tiene algo especial con mucha nostalgia, cómo has dicho que de momento ibas a cortar yo te animo cuando puedas porque lo entiendo que tienes mucho trabajo pero no nos dejes con la miel en la boca cuando puedas incorporarte vuelves a hacerlo porque a ti te gusta caminar y explorar y nosotros leer y comentarlo un fuerte abrazo y no digo adiós sino hasta luego un abrazo.

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    1. Amiga mía, nunca dejaré de caminar. Al final puede más la inquietud que el desasosiego. Un abrazo.

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  3. Hoy regreso a tu blog y me encuentro con esta entrada repleta de maravillosas fotografías y de nubes, de flores y riachuelos, de árboles, de cortijos olvidados y de recuerdos que impregnan el alma. Tu literatura sigue el mismo sendero de emociones, construido a base de sensible melancolía y belleza. Enhorabuena por todo ello y un fuerte abrazo.

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    1. Gracias amigo mío, los caminos nunca se extinguen, como la amistad. Un abrazo

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